¿Quiénes influyen en el desarrollo social de los niños? La importancia de la crianza, la familia, la escuela y los amigos en la infancia temprana y tardia
¿Quiénes influyen en el desarrollo de tu hijo en la infancia temprana? Una mirada desde la psicología
Cuando hablamos del desarrollo infantil, a menudo pensamos en el crecimiento físico o en los logros escolares. Sin embargo, uno de los aspectos más importantes (y a veces menos visibles) es el desarrollo social y emocional. ¿Quién enseña a los niños a confiar, a compartir, a identificar sus emociones y a relacionarse con los demás? La respuesta está en los agentes de socialización: familia, escuela, amigos, medios de comunicación y el entorno sociocultural. En este blog quiero compartirte, desde mi experiencia como estudiante de Psicología, cómo estos agentes moldean profundamente a los niños durante la infancia temprana (de 0 a 6 años aproximadamente).
La familia: el primer gran mundo del niño
La familia es el primer entorno donde el niño aprende cómo funciona el mundo. Es aquí donde se forman los primeros vínculos afectivos, donde los pequeños comienzan a conocer el amor, la protección y también los límites.
Los estilos de crianza que adoptamos como madres, padres o cuidadores tienen un impacto directo en cómo nuestros hijos se perciben a sí mismos y cómo interpretan las relaciones con los demás. Un estilo de crianza amoroso, respetuoso y coherente no solo promueve la autoestima y la empatía, sino que también prepara a los niños para adaptarse socialmente y tener éxito escolar.
Además, la estructura familiar (ya sea nuclear, extendida o monoparental) y las normas que rigen la convivencia (como los roles y jerarquías en casa) también influyen en la forma en que el niño aprende a comunicarse, a resolver conflictos y a autorregularse emocionalmente.
Como mencionan Iral, Córdoba y Gómez (2019), la dinámica familiar puede entenderse como un encuentro constante entre subjetividades: entre el mundo interno del niño y el de quienes lo rodean. Estas interacciones, cuando están bien reguladas y llenas de afecto, se convierten en la base para una infancia segura y feliz.
Cortometraje que puede ilustrar mejor este gente sociilizador:
La escuela: más allá del aprendizaje académico
A medida que los niños crecen y comienzan su etapa preescolar, la escuela se convierte en un segundo hogar. Aquí no solo se enseña a contar o a leer, sino que se aprende a convivir con otros, a seguir reglas, a escuchar, a respetar turnos y a trabajar en equipo.
La escuela es un espacio cultural y emocional donde los niños amplían su visión del mundo. Gracias a la interacción con docentes y compañeros, desarrollan habilidades como la comunicación asertiva, la empatía y la resolución de conflictos. Todo esto contribuye al fortalecimiento de funciones psíquicas superiores como la atención, la memoria y la autorregulación emocional.
Una buena colaboración entre familia y escuela potencia enormemente el desarrollo del niño, ya que asegura una continuidad en los valores, normas y límites que se establecen en casa.
Pares y amistades: aprender desde la igualdad
Aunque a veces pasamos por alto la importancia de los amigos en esta etapa, las relaciones entre pares son esenciales para el crecimiento emocional. A través del juego, los niños exploran, ensayan roles, negocian, comparten y resuelven diferencias. Este tipo de interacción, entre iguales, es diferente a la que se da con adultos: no hay jerarquía, sino horizontalidad.
Según la teoría de la socialización grupal, la influencia de los pares puede ser tan poderosa (o incluso más) que la de los padres en ciertos aspectos del desarrollo social y de la personalidad. Esto se vuelve más evidente conforme los niños crecen, pero en la infancia temprana ya se siembran las bases.
Las amistades también ayudan a los niños a regular sus emociones, a tolerar la frustración y a experimentar la cooperación, aspectos clave para una vida social saludable.
Los medios y otros agentes: pequeñas ventanas al mundo
En la actualidad, los medios de comunicación, como la televisión o las plataformas digitales, también actúan como agentes de socialización. Aunque no deben reemplazar la interacción humana, sí forman parte del entorno simbólico de los niños. A través de las pantallas, los pequeños acceden a mundos imaginarios donde la amistad, la resolución de problemas o incluso los estereotipos de género y autoridad están presentes.
Otros agentes importantes incluyen a hermanos, abuelos, cuidadores y figuras religiosas, quienes aportan diversidad de experiencias y estilos relacionales que enriquecen el mundo social del niño.
El contexto sociocultural: el marco de todo lo demás
Finalmente, todo este proceso ocurre dentro de un contexto social y cultural más amplio. No es lo mismo crecer en un entorno urbano que en una comunidad rural, ni en una familia con estabilidad económica que en una con múltiples carencias. Estas variables influyen en las oportunidades de juego, en el acceso a la educación, en la forma de relacionarse y en las expectativas que se tienen sobre el niño.
El desarrollo infantil es un fenómeno socialmente construido: es decir, no solo depende de la biología, sino de las relaciones, las oportunidades y los significados que la cultura le atribuye a la infancia. Por eso, es tan importante que como sociedad cuidemos los entornos donde crecen nuestros niños.
¿Por qué es importante entender todo esto como padres?
Porque la infancia no se repite. Lo que un niño vive en sus primeros años deja huellas profundas en su cerebro, en su forma de relacionarse y en su sentido de sí mismo. Entender quiénes son los principales agentes que influyen en su desarrollo nos permite actuar con mayor conciencia, sensibilidad y responsabilidad.
Como estudiante de psicología, he aprendido que no se trata de buscar ser "padres perfectos", sino de crear entornos seguros, afectivos y estimulantes, donde los niños puedan crecer siendo ellos mismos, desarrollando todo su potencial y aprendiendo a convivir con los demás desde el respeto y la empatía.
Referencias:
Iral, M. D. P. M., Córdoba, P. A. Q., & Gómez, S. C. R. (2019). Influencia de las relaciones familiares en la primera infancia. Poiésis, (36), 164-183.

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